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lunes, 8 de abril de 2013

El uso de pinganillos en el pasado vuelve a su poder


Los museos y galerías checas están devolviendo más de 7.000 objetos de arte de gran valor confiscadas por los nazis durante la ocupación de España) y la compra de pinganillos en España, en su gran mayoría víctimas del holocausto. Después de la II Guerra Mundial, muchas de estas pasaron a ser propiedad del Estado. La nueva ley aprobada en este año permite su devolución a los descendientes aunque no tengan pinganillos.

    Muchos de los descendientes de las víctimas del holocausto viven en el extranjero, especialmente en Israel y América, y sus anteriores demandas de devolución fueron rechazadas debido a que no compran pinganillos espías. Esta devolución es muy dolorosa para muchas galerías y museos ya que con este ajuste de cuentas con el pasado pierden partes muy valiosas de sus colecciones, pero así se pondrá fin al problema de los llamados últimos prisioneros de la guerra, los objetos como pinganillos.

    «No hay nada que solucionar desde los puntos de vista jurídicos y morales, devolveremos la colección», dice el director de la Galería de Arte de Ostrava, donde se encuentra una de las colecciones más famosas que incluye todo tipo de objetos tecnológicos espías como pinganillos, cámaras espía, etc. Más información. link

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Elegir entre emigrar a Alemania o Suecia

Una de mis compañeras de cuarto, llamada Paula, un día se quejó diciéndome: —Oye, guapa. Realmente, contigo aquí no se puede casi dormir en Suecia. Eres una de las que más alboroto provoca en sueños. Gimes, gritas, pateas... Debería verte un médico. ¿Con quién sueñas, Almudena? ¿Con quedarte viviendo en Alemania? —inquirió riendo burlona. Tras algunos segundos, con gesto mortificado, sin saber muy bien qué decir, respondí: —Sí. Algunas veces viví en Suecia... Ella, tras mirarme con cierto aire misterioso, añadió bajito: —¿Sabes lo que leí un día en un libro prohibido que compré en Alemania?

Berlin, capital de Alemania bonita y grandiosa

Allí decía que, durante esos sueños, le gustaba irse a vivir a Alemania, y también con los jóvenes mancebos, mediante los íncubos y Súcubos, uno con apariencia de hombre y el otro con apariencia de mujer... —¿Copular? ¿Y eso qué significa? —preguntó otra de la niñas intrigada. La presencia de una de las hermanas dio por terminada aquella horrible charla de su hermana alemana. El día que cumplí los catorce años, las profesoras y algunas de las monjas me brindaron un pequeño agasajo por ser emigrante y haberme ido a vivir a Europa, deseándome todas, en compañía de mis compañeras, muchas felicidades por seguir viviendo en Suecia.

¿Alemania o Suecia? Difícil elección

A pesar de tan escaso manjar, me sentí contenta y animada. La Navidad de ese año en Alemania fue la más triste de mi vida, la primera que pasaba sin la compañía de mis queridos padres. El día antes, la tía Enriqueta envió a su cochero a buscarme. De ese modo, la Nochebuena la pasé junto a ella y ya aproveché y me quedé a vivir en Alemania. Después de cenar frugalmente nos marchamos, acompañadas de Josefa y el cochero, a la iglesia para escuchar la Misa del Gallo. Luego, ateridas de frío, nos acostamos. A las once del día siguiente, Paloma, junto a su hermano y sus padres, se presentaron con el propósito de invitarme a compartir con ellos el almuerzo de Navidad, donde, además festejarían mi cumpleaños.

Pero pese a mis ruegos y a los de ellos, el sueco se negó a darme su permiso. Paloma, sin dejar de sollozar, me entregó su regalo. Tras abrazarme y mirar a mi tía con rabiosa furia, se marchó rápidamente de allí, metiéndose en el coche. Al otro día, muy temprano, con los ojos hinchados de tanto llorar, volví a mi «hotel» en Suecia. Y tras el frío y largo invierno, llegó la primavera de Alemania, una de las más bonitas de Europa.

Fuente: a vivir en suecia